La crisis pone en caída libre al consumo y diezma la buena vida en EE.UU.



La crisis económica de Estados Unidos ha abollado tanto la confianza de los consumidores que, acostumbrados a la buena vida, someten ahora su insaciable apetito por las compras a una amarga dieta de frugalidad.
Se acabó la fiesta y, en la cultura popular, el miedo ha dado paso a una nueva tesitura en la que los consumidores se libran de sus tarjetas de crédito .


Cuando se recorrer los centros comerciales de Estados Unidos se puede constatar que el consumo, que conforma poco más del 60 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país, se encuentra en caída libre.
Ni los fuertes descuentos de los almacenes, muchos al borde de la quiebra o ya en proceso de cerrar, son un aliciente para el consumo: no hay demanda de pantallas gigantes de televisión, ni de ropa de marca, ni coches de lujo o artilugios de alta tecnología.
La caída en el consumo es una respuesta inmediata al desempleo, el alza en los precios del petróleo, la bancarrota, la caída en los precios de las casas y las restricciones del crédito, entre otros males.
existe un cambio gigantesco en la cultura popular motivado por el miedo a perder el empleo, miedo a no poder pagar la hipoteca u otros préstamos, y malas noticias por todas partes. En los últimos seis años, los estadounidenses gastaron un seis por ciento más de lo que ganaban, y ahora, en los últimos seis meses, han aumentado los ahorros a 3,5 por ciento.


Por si fuera poco, los consumidores están enterrados en una deuda de unos 14 billones de dólares, una realidad "que ahora les obliga a comprar menos de todo y a buscar gangas¨.

Cecilia Calonge Pérez.

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